Autor Carlos Reyes
Lima.
Enero 1999
El verano del cohete
“Un minuto antes era
invierno en Ohio; las puertas y las ventanas estaban cerradas, la escarcha
empañaba los vidrios, los carámbanos bordeaban los techos, los niños esquiaban
en las pendientes; las mujeres envueltas en abrigos de piel caminaban
pesadamente por las calles heladas como grandes osos negros”
… “El cohete,
instalado en la plataforma de lanzamiento, soplaba rosadas nubes de fuego y
calor de horno. El cohete se alzaba en la fría mañana de invierno, creaba
verano con cada aliento de los poderosos escapes. El cohete transformaba los
climas, y durante unos instantes fue verano en la tierra”…
Ray Bradbury. Crónicas Marcianas. (1946)
El calor artificial
Y así, se hizo este verano de tanto calor. Y así, la temperatura subió.
Tanto calor que hasta “la prima de riesgo” sube. La temperatura atmosférica, 30-40
grados. La temperatura económica 400-507 puntos de riesgo, de números que nos
aproximan a un sofoco, de cifras altas y de oscuro futuro. la “prima esa”, que sin ser familia nuestra se coló en
nuestra mesa, en nuestro devenir, ya no preguntamos por otro familiar, por las hermanas, por los tíos, por las
primas hermanas. Ahora, cada
mañana, escuchamos la salud de la PRIMARIESGO. Esperando siempre que ese
familiar invasor indeseado deje de existir y se marche con su herencia de
miseria.
Ya desde 1946, los cuentos de Ray Bradbury nos habla del
calentamiento global y luego más luego de invasiones a Marte, de gente que
quería ir a Marte; “Él y otros miles como él, todos los que tuvieran un poco
de sentido común, se irían a Marte. Ya lo iban a ver. Escaparían de las guerras, la censura, el estatismo…” (Ray
Bradbury) Ahora ya no hay otro mundo, ni un Marte conocido, ni bombas nucleares, no hay tiempo para
esas pequeñas cosas, solo mercados,
primas, bancos, bolsas, desempleo, la “bomba solo mata pobres”, la explosión y
desaparición de nuestro estado de bienestar, de nuestro ahorros.
Con el tiempo descubriremos a los verdaderos invasores, a
los beneficiaros de la crisis, rostros
conocidos, una y otra vez en la lista de los más ricos del mundo, en revistas
que hablan de la riqueza. Pocos son los elegidos en “el mundo de las finanzas”. Nosotros, que somos el mundo real, no saldremos en la foto, ni
en las revistas de los más ricos, sí, en las tristes cifras del desempleo, de
la mal nutrición, de la mala educación y hasta si me apuran en las listas de
los delincuentes.
En fin, no sé cómo hacerlo pero quiero detener a la
PRIMARIESGO que solo beneficia a unos pocos y calienta mi verano, mi economía
domestica, me deja sin futuro. Quizás lo único que me quede es salir a la
calle, sentarme en una plaza, sentarme en una sucursal de un Banco (seguro
tienen aire acondicionado) y pedir: quiero ver al jefe, al dueño. Y decirle,
que no quiero más primas, ni créditos que no viví, ni burbujas, ni riesgos que
no son mis riesgos. Porque los míos, mis riesgos, los que asumo, no me llevan
al suicidio, me llevan a la vida. Soy, un poco, más libre y a su vez pringado,
por no ser “emprendedor”. Solo quiero llevar un plato de comida, un techo y
alguna tarde en el cine con mis hijos e hijas, no dejar deudas ni económicas,
ni morales.
Algún día se cansaran de mí en la sucursal y cuando venga el gran jefe, no los payasos,
el dueño del circo, le podré decir: Sea capaz usted de llevarse a su familia,
su PRIMARIESGO, a su casa, paguen su
existencia, dele de comer, cómprele un móvil, que vea la tele, que se distraiga en otras cosas. Dele
su apellido, por ejemplo PRIMARATO, PRIMABOTÍN, PRIMACONSTRUCCIÓN… y así hasta que las cosas sean nombradas en su justa
procedencia, develando el árbol genealógico de los verdaderos responsables de
la crisis.
Yo soy feliz con mis primas de Escaleritas y ellas no son de
riesgo.
Carlos Reyes Lima
carlosreyeslima@yahoo.es
Las Palmas de Gran Canaria.